La sed de competencia de Michael Jordan lo hizo superar todos los obstáculos y lograr una inmortalidad en el mundo de los deportes.

Las espectaculares volcadas de Michael Jordan lo elevaron a otro plano. Cuadro de Alan Berneman.
Michael Jordan es el mejor de todos los tiempos. No sólo el mejor basquetbolista, sino el mejor deportista de la historia de la humanidad.
Habrá aquellos que piensen distinto, que digan que es Diego Maradona, Tiger Woods, Michael Schumacher, Roger Federer o Usain Bolt, y que Jordan no es siquiera el mejor del básquetbol.
“His Airness”, apodo dado a Jordan, tuvo el paquete completo: un cuerpo de atleta privilegiado, una fuerte mentalidad y las ansias de ser el mejor, siendo cien por ciento competitivo. Esta característica hizo que nunca deje de entrenar y de mejorar en todos los aspectos.
Siendo chico, Jordan no era tan alto, pero creía que tenía un buen juego hasta que en su segundo año de secundaria no entró en el equipo de básquetbol perdiendo el último lugar con LeRoy Smith, un chico que medía 1,90 m. A pesar de esto no se dio por vencido, entrenó todo el verano para mejorar, y con ayuda de unos centímetros extra, pudo lograr su cometido.
Este fracaso temprano sembró una semilla para su posterior grandeza, la que se conoce alrededor del mundo.
Todos sus logros deportivos fueron acompañados de otro factor: el marketing. En el momento justo en el que comenzaba la globalización y la Internet, la imagen y la grandeza de MJ lo ayudo a ser aún más grande y conocido.
Pero no hay que olvidar que fue lo que realizó dentro del rectángulo de juego lo que lo llevaron a otro plano.
En su primer año en la universidad de North Carolina encestó el tiro con el que ganaron el título sin ser la gran figura del conjunto todavía. Ese no sería su único tiro, ni el más importante. Si hay algo por lo que se caracterizó Jordan fue por su rendimiento en los momentos finales y más importantes de los partidos, especialmente en los partidos de Playoffs.
Con los Chicago Bulls se elevó a un nivel incomparable, no sólo porque parecía volar, sino por los logros tanto personales como grupales.
Como equipo lograron seis campeonatos de la NBA y como individuo ganó todos los trofeos y rompió (casi) todos los récords. Siempre que enfrentaba a los mejores jugadores, como Larry Bird, Magic Johnson, Isiah Thomas, Charles Barkley, Karl Malone, entre otros, mostraba su mejor cara, al igual que en los estadios más importantes como el Madison Square Garden.
Su enceste ante Cleveland, flotando en el aire, para ganar su primera ronda de playoffs y los tiros en las finales contra los Utah Jazz demostraron su temple en los momentos en lo que la pelota naranja quema.
Su evolución año tras año como encestador, como asistidor, como rebotero, como defensor y como jugador de equipo, hicieron de él el jugador más completo del básquetbol. Tenía una ética de trabajo increíble, siempre entrenaba más y más. Todo esto lo hacía por su naturaleza competitiva, siempre por querer ganar, siempre querer ser el mejor y siempre demostrárselo a los demás. Cuando un jugador encestaba 30 puntos, al siguiente partido Jordan metía 40. Cuando el otro convertía 50, el hacía 60.
Sus volcadas, sus tiros y su atletismo lo inmortalizaron en millones de posters en las paredes de las casas de chicos alrededor del planeta.
Quedarán dudas para algunas personas, pero que quede claro, Michael Jordan es el mejor de todos los tiempos.